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Cómo es volar por Ryanair, la low cost más grande del mundo

Una experiencia en primera persona en la más famosa de las líneas de bajo costo, que están por comenzar a operar en la Argentina.

Low cost. Dos palabritas en inglés que están de moda más que nunca en Argentina, con la anunciada llegada de nuevas aerolíneas de “bajo costo” que comenzarán a operar en los próximos meses.

En el mundo, sin embargo, es un concepto que lleva varios años, que nació en Estados Unidos y se extendió a Europa en la década del 80 y no para de crecer. La compañía irlandesa Ryanair, fundada por el empresario Tony Ryan en 1985, para operar la ruta Waterford-Londres, fue la primera en operar con esta modalidad. Comenzó con 25 empleados; hoy es la aerolínea de bajo costo que más vuelos hace en Europa, con más de 1.500 rutas y 58 bases. Además, gracias a su modelo de reducción de costos, se convirtió en la línea aérea más rentable del mundo.

Pero, ¿cómo es volar con Ryanair? Hay experiencias de todo tipo, claro; están los que la pasaron genial y no tuvieron ningún problema, y aquéllos que debieron pagar extras inesperados a cada paso que dieron. Esta es una experiencia “debut” en esta low cost, con un vuelo Madrid-Londres, en marzo pasado.

Ojo con los extras

Buscando y buscando, la tarifa de Ryanair resultó, claramente, la más atractiva: 46 euros desde Barajas hasta el aeropuerto londinense de Stansted, con una valija de hasta 20 kilos incluida. Claro, una de las claves de la compañía es la venta directa por Internet, que le permite ahorrar comisiones de agencias. Lanzó su servicio en el año 2000, al año ya vendía el 75% de los pasajes a través de la web, y actualmente esa cifra supera el 98%. Eso sí, aunque los pasajes pueden llegar a costar bastante menos que los de una compañía tradicional, todos los servicios que no sean el vuelo en sí y el equipaje de mano se consideran “adicionales” o “extras”.

Por ejemplo: seleccionar asiento (2 euros); despachar equipaje (hasta 15 kg, 21 euros; hasta 20 kg, 29 euros); embarque prioritario (5 euros), y así. Comprar por la web es ir sorteando ofertas: “Acceda a tarifa Leisure Plus” (factura en 30 días, equipaje de 20 kg, embarque prioritario, asiento reservado), por un total de 69,99 €; “acceda a Tarifa Business Plus” (billetes flexibles, facturación en el aeropuerto, equipaje de 20 kg, Fast Track, embarque prioritario, asiento prioritario), por 101,99 euros. Me mantengo en “estándar”; otro aviso: “Mejora a Leisure Plus" (factura en 30 días, equipaje de 20 kg, embarque prioritario y asiento reservado) por 6 euros más. Dejo en blanco el casillero y confirmo.

Aviso: “Política de equipaje de mano: solo las primeras 90 maletas tienen garantizado un lugar en los compartimentos superiores. Elige la prioridad de embarque y tu maleta podrá ir en el compartimento superior. Una maleta de 55 x 40 x 20 cm y un bolso pequeño, como una funda de portátil. El tamaño máximo para el bolso pequeño es de 35 x 20 x 22 cm y debe caber bajo el asiento delantero. Si no se cumplen estas condiciones, habrá que abonar 50 euros por artículo en la puerta de salida y el vuelo podría sufrir retrasos”.

Sigo, y la página sigue ofreciéndome: alquiler de autos, estacionamiento en el aeropuerto desde 23 euros, traslados desde el aeropuerto en Londres por 11,61, equipo de bebé (2 artículos gratis, tres adicionales, hasta 20 kg) por 10 euros, equipamiento deportivo (de palos de golf a bicicletas o monopatines, hasta 20 kg) por 30 euros; instrumentos musicales (hasta 20 kg), 50 euros. Los adicionales parecen interminables.

Nunca vayas sin imprimir

Primera lección, aprendida de un golpe: llegar al mostrador del aeropuerto con el check in hecho por la web y la tarjeta de embarque impresa, o descargada en el celular desde donde pueda leerse el código de barras, es ¡indispensable! No lo previmos, y el recargo por confirmar el check in allí e imprimir las tarjetas resultó un abuso absurdo: ¡45 euros cada uno! O sea, un pasaje más por no imprimir el papelito. Así que haga lo que tenga que hacer, remueva cielo y tierra, consiga algún cibercafé de esos que ya casi ni se ven, pero ¡imprima su tarjeta!

En la cola de la puerta de embarque parece haber una selección al azar: a algunos les hacen dejar su maleta en tierra y las despachan, pese a que, al menos en teoría, están entre aquellas primeras 90 maletas que deberían tener “garantizado” su lugar en el avión. Transpiramos: ¿pasarán nuestros carry on? Sí, esta vez tuvimos suerte, pese a que nuestras valijas tienen el mismo tamaño que otras que quedaron en la puerta. Como si eligieran al azar.

Más avisos

El avión es un 737-800, como los de tantas aerolíneas, y bastante nuevo. Colores chillones y publicidades varias, en las puertas de los compartimientos para equipajes: pasajes, paquetes, etc. Lo primero que comprobamos es que los asientos no se reclinan. No insistan, ni siquiera tienen el botón que permite reclinar. Segundo: los respaldos no tienen bolsillo. Además de ser más económicos, dicen, permiten acortar la distancia entre filas. No hay entretenimiento abordo, claro. Y la comida se paga. Eso sí, para elegir hay opciones bastante variadas, y no son caras: por ejemplo, un desayuno con croissant y bebida caliente por 5 euros; café, capuccino o agua mineral por 3, jugo de naranja o limonada en lata por 2; una porción de lasagna o un ratatouille por 6, una cajita con diferentes snacks por 5. Todo anunciado en una revista que se reparte poco -casi hay que pedirla- y que se retira antes de aterrizar.

Azafatos con carritos van y vienen, e insisten, más de una vez: ¿algo de comer, de beber? Luego, las ventas de duty free con los precios anunciados por parlantes, incluyendo adaptadores universales (“los enchufes en Gran Bretaña son distintos que en España”, avisan, por las dudas). Y hasta una “raspadita”, sí, un cartón de 2 euros para raspar y ganar, anuncian por el altavoz, un millón de euros.

Dos horas. Salimos puntuales, llegamos puntuales: el horario es muy importante en las low cost, que buscan tener los aviones menos tiempo en tierra y aprovecharlos mejor en el lugar en que rinden, el aire.

¿Mala experiencia? No, excepto por los exageradísimos 90 euros que debimos pagar por no confirmar el check in online e imprimir la tarjeta de embarque, podríamos decir que se puede volar en Ryanair sin morir en el intento.

Fuente: clarin.com

17 de Julio de 2017.-

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Nacida en Irlanda en 1985, Ryanair se transformó en la principal aerolínea de bajo costo.

A bordo. Se puede elegir asiento o embarque prioritario pagando extras.

Colores y publicidades dentro del avión.

No busque el botoncito; los asientos no se reclinan.

Tampoco tienen bolsillo, y la cartilla de seguridad está pegada en la parte superior, junto con otro aviso.

Desayuno y comidas varias por precios razonables.

Bebidas para elegir.

Llegamos. Puntuales y sin haber ganado el millón de euros de la "raspadita".

   
   

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